Por Jaime Antonio Flores Urías
La disputa por la planta de amoniaco en Topolobampo ha dividido al norte de Sinaloa entre dos posturas: quienes advierten riesgos ambientales, sociales y culturales, representados principalmente por el colectivo ¡Aquí No!, y quienes ven en el proyecto una oportunidad de inversión, empleo e industrialización, identificados con la postura Aquí Sí.
Ambos lados tienen argumentos que deben ser escuchados.
Quienes se oponen temen afectaciones a la Bahía de Ohuira, la pesca, los manglares y la vida de las comunidades Mayo-Yoreme. Para ellos, el problema no es necesariamente el desarrollo económico, sino la ubicación del proyecto y la falta de confianza en las autoridades, la empresa y los procesos de consulta.
Quienes apoyan la planta consideran que Topolobampo tiene condiciones estratégicas para convertirse en un polo industrial: puerto, ferrocarril, gas natural, conectividad y cercanía con una región agrícola que depende de fertilizantes. También destacan la posibilidad de empleos, inversión y derrama económica para Ahome y el norte de Sinaloa.
La realidad es que Topolobampo no piensa de una sola manera. Hay familias que esperan nuevas oportunidades de trabajo y jóvenes que desean permanecer en su comunidad. Pero también hay pescadores, indígenas y habitantes que temen perder una bahía que representa alimento, identidad y patrimonio.
Por eso, la discusión no debería reducirse a elegir entre empleos o medio ambiente.
Una inversión de esta magnitud debe demostrar, con información independiente y transparente, que puede operar sin poner en riesgo a la población y al ecosistema. También debe explicar cuántos empleos permanentes generará, cuántos serán para habitantes de la región y qué beneficios concretos recibirá Topolobampo.
El desarrollo económico solo tiene sentido cuando se convierte en bienestar social. No basta con construir una planta; se necesitan empleos dignos, capacitación, infraestructura, servicios públicos y oportunidades para proveedores locales.
Al mismo tiempo, proteger la bahía también es proteger la economía. La pesca, el turismo, la gastronomía y la cultura indígena ya generan riqueza y forman parte de la identidad del puerto.
El camino responsable sería establecer vigilancia ambiental independiente, monitoreo público, planes de emergencia, participación de las comunidades y compromisos claros de empleo y proveeduría local.
El colectivo ¡Aquí No! ha obligado a reconocer que el territorio tiene habitantes, cultura y derechos. El sector del Aquí Sí ha recordado que el norte de Sinaloa necesita inversión y alternativas económicas.
La solución no debe consistir en que un grupo derrote al otro.
Topolobampo necesita una tercera ruta: desarrollo económico con seguridad, transparencia, beneficios compartidos y respeto al medio ambiente.
La verdadera pregunta no es únicamente si se construye o no una planta de amoniaco.

La pregunta es ¿qué tipo de desarrollo queremos dejarle a las próximas generaciones?


