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INZUNZA: LA SOLEDAD DEL PODER

Por Redacción
27 agosto 2026
3 Leer Min
INZUNZA: LA SOLEDAD DEL PODER
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El gobierno central dejó solo a Rubén Rocha Moya y Morena acaba de desconocer a Enrique Inzunza. Le pidieron que solicitara licencia al Senado. No quiso. Entonces le advirtieron que sería expulsado del partido, y al final decidió declararse “independiente”, una figura que no existe jurídicamente. Es, en todo caso, un legislador sin siglas partidistas.
Para algunos miembros de la oposición esto fue una maniobra y una simulación. Pudiera ser, pero aquí el hecho contundente es que Morena se vio obligado a quitarle la marca a Inzunza.
Acorralado, más que un desprendimiento voluntario, esa decisión solo confirmó un aislamiento que se venía construyendo desde meses, cuando Estados Unidos lo requirió en extradición junto a Rubén Rocha. La diferencia es que Rocha ha pedido licencia dos veces, y él sigue aferrado al fuero constitucional.

Inzunza, políticamente ya no le sirve al régimen; y cada vez que se mueve, su espacio se reduce. En su carta enviada a Ignacio Mier, líder del Senado, utiliza un lenguaje fuera de contexto. Invoca a Juárez, Ramírez, Altamirano, Zarco y a José María Iglesias. Habla de tiranos, traidores, fieras, calumniadores y de su propia probidad. Pero además se presenta como víctima de una conspiración externa y termina erigiéndose en abogado de sí mismo.
El texto refleja una defensa propia donde se asoma la soberbia.
El problema de Inzunza está en Washington, bajo graves acusaciones de las que él asegura carecen de pruebas. Pero todos los señalamientos se han derivado de lo que hizo y dejó de hacer en Sinaloa. En esta entidad existe una memoria colectiva demasiada fresca sobre la manera en que se ejerció el gobierno durante el rochismo
La concentración del poder alcanzó altos niveles de atropello, bajo un uso indiscriminado e impune de las instituciones: Congreso, Poder Judicial, Fiscalía, Tribunal Electoral, Instituto Electoral y buena parte de los organismos que constitucionalmente deberían representar equilibrios, fueron claramente sometidos al ejercicio del abuso.
Durante el sexenio de Rubén Rocha, Enrique Inzunza se convirtió en el consejero de cabecera y, ante la debilidad o la anuencia de Rocha, se construyó una estructura de poder poblada de familiares, compadres, amigos, ahijados, socios y recomendados. Una maquinaria diseñada más para controlar que para generar consensos; más para someter a los adversarios que para construir acuerdos.
Cierto, se concentraba poder, pero también se acumulaban agravios e indignación al seno de la sociedad.
Sectores productivos confrontados desde la administración rochista. Municipios abandonados. Servicios públicos deteriorados. Obras inconclusas o cuestionadas. Una economía golpeada por la violencia y una sociedad que terminó pagando las consecuencias de un gobierno ensimismado en sus propias ambiciones.
Hay que reconocer que antes de la guerra entre los grupos fácticos, Rubén Rocha era uno de los hombres fuerte del régimen, protegido por López Obrador y luego por Claudia Sheinbaum. Paradójicamente, terminó siendo rehén de la estructura que creó y permitió crecer alrededor suyo. Y en el centro de esa estructura estuvo siempre Enrique Inzunza, ordenando, quitando, poniendo, decidiendo incluso sin consultar con Rocha. Testimonios en el propio gobierno sobran, empezando por Feliciano Castro que, un día, decidió renunciar al gabinete luego de tanto jaloneo con el ahora Senador desmorenizado.
Por eso su situación actual tiene un enorme impacto, porque fue el hombre que representó durante años uno de los centros de gravedad del poder sinaloense. Hoy Inzunza, más allá de justificarse culpando a “la derecha” y a “los conservadores”, se le dificulta explicar por qué se quedó fuera del partido que lo llevó al Senado.
El rochismo está conmocionado. No parece comprender todavía lo que le ocurrió; de la noche a la mañana cayó de la gracia divina: Rocha quedó fuera del gobierno e Inzunza fuera de Morena.
¿Qué pasó? Desde el poder central lograron entender que política, y diplomáticamente,
resultaba cada vez más costoso cargar con un grupo convertido en lastre frente a una sociedad agraviada y ante una crisis que rebasó las fronteras de Sinaloa.
Hasta hoy, Rocha e Inzunza navegan en la orfandad política. Es decir, el soporte fundamental para eludir responsabilidades judiciales ya no lo tienen. Sin el respaldo del poder, la falta de pruebas se pueden convertir en lo contrario. Y si alguien lo sabe es Enrique Inzunza.
Cierto, Rocha e Inzunza no enfrentan todavía una sentencia judicial, pero ya tienen de antemano una sentencia que los debilita: dejaron de ser indispensables. La carta misma del Senador lo evidencia: Morena decidió que debía enfrentar solo la tormenta, al igual que el gobernador licenciado por segunda vez.

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