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Por Redacción
4 octubre 2026
10 Leer Min
SANSÓN A LAS PATADAS
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Hay momentos en política en los que una fecha dice tanto como un discurso. Imelda Castro acaba de colocar una sobre la mesa: aproximadamente en mes y medio deberán quedar resueltas las coordinaciones distritales federales y municipales de Morena en Sinaloa.

Eso significa que la etapa de los levantamientos de mano comienza a entrar en cuenta regresiva y que, dentro de pocas semanas, muchos de los nombres que hoy recorren municipios, conceden entrevistas, organizan reuniones y aparecen en fotografías tendrán que enfrentarse a algo bastante más concreto: la encuesta.

Pero el mismo sábado ocurrió otra escena que ayuda a entender hacia dónde pretende llevar Imelda el proceso.

Estuvo con las dirigencias de Morena, PT y Partido Verde en una reunión petista y anunció que recorrerá incluso los lugares más alejados donde se encuentren integrantes de cualquiera de las tres fuerzas.

Ahí agradeció el respaldo recibido del PT durante el proceso estatal y llamó además a cerrar filas con la gobernadora Graciela Domínguez Nava.

Las dos cosas deben observarse juntas.

Una es la construcción de candidaturas.

La otra es la construcción de coalición.

Morena está por entrar en una etapa potencialmente complicada. Del 1 al 4 de octubre abrió los registros para las siete coordinaciones distritales federales de Sinaloa; después vendrán las municipales y posteriormente continuarán otras definiciones.

Cuando existan más de seis registros en un distrito habrá incluso una depuración previa antes de llegar a la encuesta.

Es decir, el embudo comienza a cerrarse.

Hasta ahora resultaba relativamente sencillo mantener la unidad porque prácticamente todos podían aspirar. El problema comenzará cuando de seis nombres quede uno.

Ahí entenderemos mejor por qué Imelda lleva semanas insistiendo en conceptos aparentemente repetitivos: encuesta, territorio, unidad, reconciliación y estructura. No solamente necesita encontrar perfiles competitivos; necesita conseguir que quienes pierdan permanezcan dentro del proyecto.

Porque una encuesta puede resolver quién encabeza una coordinación, pero no necesariamente resuelve qué hará al día siguiente quien quedó segundo.

Culiacán ofrece desde ahora una muestra de lo que viene. María Teresa Guerra confirmó que está preparada para registrarse en cuanto aparezca la convocatoria municipal y ha reconocido conversaciones con otros perfiles interesados, entre ellos Merary Villegas y Jesús Ibarra.

Ella misma anticipa varios registros y habla de cerrar filas una vez tomada la decisión.

Lo mismo, con características diferentes, comenzará a ocurrir en Mazatlán, Ahome, Guasave y otros municipios.

Por eso adquiere todavía más significado la segunda fotografía del sábado: Morena, PT y Verde juntos.

Imelda ya había establecido otra regla: las coordinaciones no deberían surgir de acuerdos políticos que ignoren las encuestas. Ahora tendrá que conciliar esa promesa con la realidad de una alianza en la que existen tres partidos, tres estructuras y aspiraciones propias.

El PT y el Verde difícilmente llegarán a 2027 solamente para acompañar decisiones tomadas por Morena; buscarán espacios y representación. La encuesta podrá ordenar aspirantes, pero después aparecerá inevitablemente la negociación política.

Ahí puede estar uno de los mayores retos.

¿Qué ocurrirá si Morena tiene al perfil mejor medido en un municipio que alguno de sus aliados considera estratégico? ¿Qué sucederá cuando la paridad obligue a modificar la configuración de varias posiciones? ¿Cómo se acomodarán las coordinaciones municipales con las distritales federales y posteriormente con las locales?

La encuesta manda, ha dicho Imelda.  Sí. Pero la encuesta no negocia coaliciones.

Y precisamente por eso parece importante que esté construyendo desde ahora una relación política con PT y PVEM, antes de que comiencen las decisiones que inevitablemente producirán ganadores y perdedores.

También merece atención el llamado a cerrar filas con Graciela Domínguez. Imelda está procurando mantener separados dos espacios que podrían confundirse conforme avance 2027: ella conduce la organización política del movimiento y Graciela encabeza el Gobierno del Estado. El sábado volvió a respaldar públicamente a la gobernadora y pidió acompañarla en la conducción de esta etapa.

No significa subordinación de una a la otra; significa, al menos públicamente, evitar que la transición gubernamental y la sucesión electoral terminen convirtiéndose en dos centros enfrentados dentro del mismo movimiento.

Y hay todavía una tercera pista: las secciones electorales.

Imelda anunció que después de las asambleas estatales y regionales el trabajo bajará hasta ese nivel. Eso ya no tiene que ver solamente con quién quiere una candidatura. Tiene que ver con organización electoral: estructura, militancia, presencia territorial y capacidad de movilización.

La dirigencia nacional ya había señalado desde septiembre que el fortalecimiento territorial forma parte central de esta nueva etapa en Sinaloa.  

Ahí aparece el diseño completo. Primero Morena resolvió la coordinación estatal. Ahora vienen distritos y municipios.

Mientras eso ocurre, Imelda fortalece la relación con PT y Verde, respalda públicamente a Graciela y comienza a bajar la organización hacia las secciones.

No significa que todo esté resuelto. Al contrario. Lo difícil empieza cuando aparezcan los resultados de las encuestas y haya que decirles a muchos que no.

Porque hasta ahora todos pueden caminar juntos mientras todos conservan una posibilidad.

La verdadera prueba de Imelda llegará cuando comiencen las definiciones. No será solamente escoger a quienes encabecen. Será conseguir que quienes no fueron escogidos también se queden.

Y después hacer que Morena, PT y Verde lleguen a 2027 como un bloque y no solamente como tres partidos que aparecen juntos en una fotografía.

LISTA

María Teresa Guerra Ochoa ya no está solamente valorando posibilidades. Tiene definida la ruta, preparada la documentación y espera la convocatoria de Morena para registrarse por la Coordinación Municipal de Culiacán.

No buscará una coordinación distrital federal y concentra su apuesta política en la capital sinaloense.

La definición importa porque Culiacán puede convertirse en uno de los procesos internos más observados de Morena rumbo a 2027. Tere no estaría sola.

Ella misma reconoce conversaciones con Merary Villegas y Jesús Ibarra, quienes también mantienen interés en participar. Hasta ahora esos encuentros no significan un acuerdo para reducir aspirantes ni construir una candidatura única; muestran, en cambio, que existe comunicación antes de entrar a una competencia que finalmente deberá resolverse mediante encuesta.

Ahí aparece una característica interesante de Tere Guerra. Tiene trayectoria política propia, experiencia académica, activismo en la defensa de los derechos de las mujeres, pasó por la Secretaría de las Mujeres y posteriormente encabezó la bancada de Morena y la Junta de Coordinación Política del Congreso.

Es decir, no necesita comenzar construyendo conocimiento desde cero. Su desafío será otro: convertir ese perfil estatal en identificación específicamente municipal y demostrar cuánto respaldo tiene entre los habitantes de Culiacán.

También resulta relevante que esté hablando desde ahora de lo que deberá ocurrir después de la encuesta. Competir es relativamente sencillo mientras todos conservan posibilidades; cerrar filas será más complicado cuando exista solamente una coordinación y varios aspirantes hayan quedado fuera.

Tere sostiene que Morena pudo procesar así la definición estatal que terminó encabezando Imelda Castro y considera que ese modelo puede repetirse en los municipios.

Pero Culiacán tiene características propias. Aquí no bastará la trayectoria partidista ni la cercanía con los liderazgos de Morena. La capital enfrenta seguridad, deterioro económico, servicios públicos, movilidad y una sociedad particularmente golpeada durante los últimos años. Quien pretenda encabezar el proyecto municipal tendrá que demostrar no solamente que puede ganar una encuesta interna, sino qué propone para gobernar una ciudad con problemas muy concretos.

Tere ya decidió dónde quiere competir.

Ahora viene la parte importante: medir cuánto representa su nombre en Culiacán frente a los demás perfiles que también levanten la mano.

Porque como ha venido diciendo Imelda Castro, la encuesta deberá mandar.

Y Culiacán probablemente será una de sus pruebas más interesantes.

REGISTRO

Rodolfo Valenzuela Sánchez ya tomó una decisión que ayuda a despejar parte de su ruta hacia 2027: se registró para buscar la Coordinación del Distrito Federal 07 de Morena.

Después de participar en el proceso estatal que terminó con la designación de Imelda Castro, regresar al Congreso local y mantener abiertas distintas posibilidades políticas, ahora coloca una aspiración concreta sobre la mesa.

El movimiento es interesante porque hace apenas unas semanas Rodolfo hablaba todavía de distintos escenarios, entre ellos Culiacán, una diputación federal e incluso la posibilidad de continuar en el Congreso del Estado. El registro por el Distrito 07 comienza a reducir ese abanico.

No significa todavía una candidatura, pero sí revela hacia dónde pretende dirigir su capital político.

También hay una lógica territorial. Valenzuela representa actualmente el Distrito local 13 de Culiacán y ha construido buena parte de su discurso alrededor de su condición de profesor, agricultor y conocedor de los sectores productivos.

Ahora tendrá que demostrar si esa presencia puede ampliarse a la dimensión de un distrito federal y, principalmente, cuánto respaldo propio puede acreditar cuando llegue la encuesta.

Hay además una diferencia respecto de su participación en el proceso estatal. Aquella competencia le permitió recorrer Sinaloa y aumentar exposición; ésta exige concentración. Ya no se trata de hablarle a todo el estado, sino de convencer a un territorio específico.

Y eso conecta directamente con la regla que Imelda Castro ha colocado para las próximas definiciones: los aspirantes deberán aportarle a Morena y no solamente depender de la marca.

Rodolfo ya pasó por una encuesta y no fue seleccionado para encabezar la coordinación estatal. No desapareció ni rompió con el partido. Regresó al Congreso y ahora vuelve a competir desde otra cancha.

En política, no todas las rutas conducen al mismo cargo.

Rodolfo acaba de escoger la suya.

DECISIÓN

Graciela Domínguez Nava colocó una regla que parece sencilla, pero que puede adquirir importancia conforme Morena avance hacia las coordinaciones municipales y distritales locales: quien forme parte de su gobierno y decida participar tendrá que cumplir la convocatoria y, cuando corresponda, separarse del cargo.

Hasta ahora, asegura la gobernadora, ningún integrante de su administración le ha comunicado una aspiración.

Eso no significa que no existan funcionarios interesados ni que no puedan aparecer cuando se abra la convocatoria. Significa solamente que, al día de hoy, Graciela no reconoce formalmente ninguna intención dentro de su gabinete.

La declaración resulta relevante porque Morena está entrando precisamente en la etapa en que comenzarán a multiplicarse las definiciones. Primero fueron las coordinaciones estatales; ahora están los distritos federales y después vendrán municipios y distritos locales.

Conforme avance el calendario, algunos funcionarios tendrán que resolver si continúan concentrados en sus responsabilidades administrativas o buscan participar en el proceso político de 2027.

Para Graciela también representa una cuestión de gobernabilidad. Apenas comenzó a realizar sus primeros ajustes en el gabinete y necesita una administración funcionando en medio de problemas de seguridad, economía, campo, infraestructura y servicios.

Una salida importante para buscar una coordinación no solamente tendría efectos políticos: obligaría nuevamente a mover piezas dentro del gobierno.

Pero hay otra lectura. Graciela está evitando convertirse públicamente en árbitro de las aspiraciones de su propio equipo.

No dice quién puede competir ni quién debería quedarse. Remite la decisión a las reglas de Morena. Es una manera de separar, al menos institucionalmente, dos terrenos que durante los próximos meses estarán cada vez más cerca: gobierno y sucesión.

Imelda Castro conduce el proceso político de organización de Morena.

Graciela Domínguez conduce el Gobierno del Estado.

Mantener clara esa división puede ser importante conforme se acerque 2027.

Porque llegará un momento en que algunos funcionarios quizá tengan que escoger.

Seguir gobernando.

O comenzar a competir.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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