Análisis político | Jaime Antonio Flores Urias
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Sinaloa este domingo 20 de septiembre llega en un momento que difícilmente puede calificarse como una gira ordinaria. Formalmente, la mandataria estará en Culiacán como parte del recorrido nacional relacionado con su Segundo Informe de Gobierno; políticamente, sin embargo, encontrará un estado que atraviesa una nueva etapa institucional, una recomposición del movimiento de la Cuarta Transformación y un proceso que inevitablemente comienza a mirar hacia las elecciones de 2027.
La anfitriona será la gobernadora Graciela Domínguez Nava, quien apenas el 17 de septiembre sostuvo su primera reunión de trabajo con Sheinbaum en Palacio Nacional. De acuerdo con el Gobierno de Sinaloa, en ese encuentro se abordaron asuntos prioritarios para la entidad y la coordinación en materia de seguridad. La propia Presidenta había anunciado previamente que aprovecharía su visita del día 20 para dialogar con la mandataria sinaloense.
El acto presidencial, denominado “Honestidad y resultados en Sinaloa”, está previsto para las 13:30 horas en las instalaciones de la Feria Ganadera de Culiacán, después de que la sede originalmente anunciada en el Parque 87 fuera modificada.
Pero más allá del templete, de los discursos y de la fotografía política, lo interesante estará en los mensajes que deje la visita.
Graciela Domínguez y una nueva etapa en el Gobierno
La llegada de Graciela Domínguez al Ejecutivo estatal ha modificado algunas formas de operación del gobierno sinaloense. En sus primeras semanas se han impulsado mesas de seguridad itinerantes, reuniones con empresarios, comerciantes, hoteleros, transportistas y universidades, así como la construcción de un Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad que, según el Gobierno estatal, pretende incorporar planteamientos de distintos sectores sociales.
También se han colocado sobre la mesa asuntos relacionados con infraestructura educativa, servicios básicos en escuelas y coordinación entre SEPyC, Obras Públicas, ISIFE, CFE y Protección Civil.
Son movimientos concretos que permiten observar un cambio de estilo: mayor presencia territorial, interlocución sectorial y una intención explícita de reconstruir canales entre Palacio de Gobierno y distintos grupos sociales.
Eso no significa que los problemas de Sinaloa estén resueltos. Sería prematuro afirmarlo. Seguridad, economía, movilidad, agricultura y recuperación de la confianza ciudadana siguen siendo desafíos de enorme dimensión. Precisamente por eso, la visita presidencial adquiere una importancia adicional: permitirá observar hasta dónde llegará la coordinación entre Federación y Estado y cuáles serán las prioridades que ambos gobiernos quieran colocar en la agenda inmediata.
La reunión previa entre Sheinbaum y Domínguez en Palacio Nacional manda además una señal institucional: existe interlocución directa entre ambos niveles de gobierno. La verdadera medida de esa coordinación no estará solamente en las fotografías, sino en los resultados que pueda producir durante los próximos meses.
Dos pistas políticas: gobernar y organizar
Hay otro elemento que vuelve particularmente interesante el momento político sinaloense.
Mientras Graciela Domínguez tiene la responsabilidad institucional de gobernar, Imelda Castro Castro encabeza la coordinación estatal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, después de haber sido designada el pasado 26 de agosto. Desde esa posición ha anunciado recorridos y trabajos de organización territorial de las estructuras vinculadas a Morena y sus aliados.
Son funciones distintas y conviene no confundirlas.
Una pertenece al ejercicio constitucional del Gobierno del Estado; la otra corresponde a la organización política de un movimiento que ya comienza a prepararse rumbo al siguiente proceso electoral.
Y justamente ahí puede encontrarse una de las claves para entender los próximos meses: Sinaloa tendrá simultáneamente una etapa de reconstrucción gubernamental y otra de reorganización política.
Graciela necesita gobernabilidad y resultados. Imelda necesita organización, cohesión territorial y unidad partidista. Sheinbaum necesita que ambos planos funcionen sin convertirse en fuentes adicionales de conflicto.
La advertencia de Imelda Castro
La propia Imelda Castro ha introducido una reflexión que Morena haría bien en analizar internamente. En una entrevista publicada el 13 de septiembre señaló que “el voto de castigo existe” y advirtió que su movimiento no debe confiarse. También planteó que la recuperación del estado pasa por la seguridad, pero igualmente por la reconciliación política y la recuperación económica.
La frase resulta políticamente significativa.
Porque ganar una elección anterior no garantiza ganar la siguiente.
Las estructuras ayudan. Las marcas partidistas ayudan. Los programas sociales influyen en el escenario político. Pero también cuentan los gobiernos municipales, la percepción ciudadana sobre seguridad, la economía familiar y, sobre todo, la calidad de quienes finalmente aparezcan en las boletas.
En ese sentido, la coordinación encabezada por Imelda Castro tendrá una tarea que va más allá de movilizar militantes: administrar las distintas expresiones internas de Morena y sus aliados sin permitir que la competencia por candidaturas se convierta anticipadamente en una fractura.
2027 ya está presente, aunque todavía no sea campaña
Sería ingenuo observar la visita presidencial exclusivamente desde la agenda gubernamental.
Falta todavía para las definiciones formales de candidaturas, pero los actores políticos ya están construyendo territorio, relaciones, estructuras y posicionamiento.
Una medición de MetaMetrics publicada el 28 de agosto colocó a Morena con 37.8% de intención de voto por partido para la gubernatura, frente a 18.6% del PRI y 16.3% del PAN. Es una fotografía de una encuesta específica, no una predicción del resultado de 2027, pero sí muestra el escenario registrado por esa medición en ese momento.
Precisamente por eso Morena enfrenta una paradoja interesante: contar con una posición favorable en una encuesta no reduce la importancia de la selección de perfiles; puede aumentarla.
Las decisiones relacionadas con 2027 tendrán que ocurrir mediante los procedimientos partidistas correspondientes, pero políticamente estarán bajo observación varios factores: trayectoria pública, aceptación ciudadana, presencia territorial, capacidad de interlocución, antecedentes, unidad interna y congruencia con el proyecto que cada partido pretenda presentar al electorado.
Y eso no solamente aplica para la gubernatura. En 2027 estarán en juego alcaldías, diputaciones y otros espacios donde la selección de candidaturas puede fortalecer o deteriorar a cualquier fuerza política.
¿La visita de Sheinbaum decidirá candidaturas?
No necesariamente, sería excesivo interpretar una visita presidencial como un reparto anticipado de candidaturas. Sin embargo, sí puede influir en algo más profundo: en la reorganización de las relaciones de poder dentro del movimiento gobernante.
La presencia de Sheinbaum junto a Graciela Domínguez reforzará públicamente la relación institucional entre Federación y Estado. La presencia política de Imelda Castro, por otro lado, refleja la construcción partidista que Morena está realizando rumbo a 2027.
Hay entonces tres planos que deberán coexistir: Sheinbaum, como conducción nacional del proyecto de gobierno; Domínguez Nava, como autoridad constitucional en Sinaloa; e Imelda Castro, como responsable de una estructura política estatal de la transformación.
Mientras esos espacios mantengan claridad en sus funciones, pueden convivir. Si comienzan a mezclarse anticipadamente las tareas de gobierno con las disputas por posiciones electorales, el escenario se vuelve mucho más complejo.
Sinaloa necesita primero resultados
La política tiene sus calendarios, pero la sociedad tiene otras urgencias.
Para muchos sinaloenses la discusión fundamental no es todavía quién aparecerá en las boletas de 2027. Es cuándo mejorará plenamente la seguridad, cuándo recuperará dinamismo la economía, cómo se atenderá al campo, cómo regresará la normalidad a determinadas actividades productivas y cómo las instituciones recuperarán confianza.
Por eso la visita presidencial del domingo tendrá dos lecturas. La primera será institucional: qué compromisos concretos se plantearán para Sinaloa. La segunda será inevitablemente política: qué señales dejará la fotografía entre Palacio Nacional, el Gobierno del Estado y la reorganización de la Cuarta Transformación sinaloense.
Graciela Domínguez tiene ante sí la oportunidad de consolidar un estilo propio de gobierno basado en territorio, diálogo y coordinación. Imelda Castro enfrenta el desafío de conducir un movimiento donde existen múltiples intereses y aspiraciones. Y Claudia Sheinbaum tendrá que mantener una relación institucional que permita atender los problemas del estado sin adelantar procesos que formalmente corresponden a los partidos.
El domingo probablemente dejará discursos. También fotografías. Pero en política las fotografías solamente adquieren verdadero significado cuando, semanas o meses después, pueden relacionarse con decisiones.
Y rumbo a 2027, Morena parte de una posición relevante en al menos algunas mediciones recientes, pero todavía deberá atravesar el proceso decisivo de seleccionar candidaturas y mantener cohesionado a su movimiento. La oposición, por su parte, tendrá tiempo para definir sus propios perfiles, alianzas y propuestas.
La competencia todavía no está escrita.



