El mensaje del político sinaloense Feliciano Castro, abre una discusión sobre militancia, liderazgos y el reto de pasar de la obediencia a la participación por convicción.
Hay frases que parecen escritas para una coyuntura, pero abren debates mucho más profundos. Una de ellas apareció recientemente en las redes sociales del político Sinaloense Feliciano Castro Meléndrez que ha dado mucho de que hablar en materia política en la historia de Sinaloa:
“Líneas para hacer política mayor: 1. Activación organizada de la calle, 2. Romper los algoritmos con actitud militante. No con despensas, ni con carteras de huevos.”
Más allá de nombres y aspiraciones, la expresión plantea una pregunta incómoda: ¿qué tipo de militancia necesita un movimiento que pretende transformar al país?
La política no necesita solamente soldados que sigan instrucciones, levanten banderas, llenen plazas o multipliquen mensajes. Necesita algo más difícil de construir: conciencias. Una estructura llena una plaza y un ejército digital posiciona consignas, pero ninguna de esas cosas, por sí sola, construye ciudadanía.
La verdadera transformación comienza cuando una persona entiende por qué participa, cuestiona, propone y defiende una causa por convicción; no por una despensa, un favor o un empleo prometido.
EL SEGUNDO PISO TAMBIÉN SE CONSTRUYE DESDE ABAJO
El llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación representa una nueva etapa del proyecto político que gobierna México. Sin embargo, cualquier transformación enfrenta un riesgo al institucionalizarse: reproducir aquello que alguna vez cuestionó.
No tendría sentido hablar de una nueva cultura política si persisten la imposición, el clientelismo, la obediencia automática o las disputas por posiciones. Tampoco basta medir avances por cargos obtenidos o estructuras movilizadas: importa formar ciudadanos que piensen y exijan resultados.
La unidad no significa silencio. La disciplina no debería cancelar el pensamiento. Y la militancia jamás tendría que convertirse en subordinación.
SINALOA: CUANDO LOS EGOS DESPLAZAN LAS CAUSAS
En Sinaloa, esta reflexión cobra relevancia ante las aspiraciones políticas, las coordinaciones territoriales y la reorganización de liderazgos. Aspirar a una candidatura o encabezar un proyecto es legítimo. El problema aparece cuando la ambición personal desplaza a la causa colectiva, entonces llegan los vetos, las descalificaciones y las pequeñas guerras internas. Mientras se discuten nombres, los sinaloenses siguen enfrentando desafíos en seguridad, desarrollo económico, educación, oportunidades juveniles, productividad agrícola e inversión.
Ninguno de esos problemas se resuelve con confrontaciones entre dirigentes. Se requieren espacios para escuchar, dialogar y construir soluciones que lleguen a la comunidad.
MÁS PERFILES, MENOS OPERADORES
Durante años se ha confundido liderazgo con capacidad de movilización. Parece pesar más quien controla estructuras o reúne más personas; sin embargo, movilizar no siempre significa representar.
Sinaloa tiene talento en sus universidades, empresas, comunidades rurales, organizaciones y entre jóvenes y profesionistas fuera de los círculos tradicionales. Abrirles espacios permitiría valorar preparación, trayectoria, honestidad, diálogo, conocimiento del territorio y resultados, no solamente el número de asistentes a una reunión.
La política necesita organización, sin duda. Pero también ideas, sensibilidad social y ciudadanía crítica.
NI SOLDADOS SIN CONCIENCIA, NI DIRIGENTES SIN CAUSA
Cuando Feliciano Castro habla de activar la calle y romper los algoritmos, señala dos territorios de la política contemporánea: el físico y el digital. Falta un tercero, quizá el principal: LA CONCIENCIA DE LAS PERSONAS.
De poco serviría conquistar las redes si solo se sustituyen las brigadas por cuentas que repiten consignas. Y poco cambiaría llenar calles si la participación depende de recompensas o presiones, el reto, para Morena y para cualquier partido, no es tener seguidores que únicamente obedezcan, sino ciudadanos capaces de pensar, disentir y participar libremente.
LA POLÍTICA QUE VIENE
Sinaloa no carece de talento político. El desafío es impedir que quede atrapado entre egos, grupos y estructuras cerradas. La discusión de fondo no debería reducirse a quién obtiene una coordinación o una candidatura, sino a qué clase de liderazgo necesita el estado y qué resultados puede ofrecer.
Los proyectos políticos no solo se ponen a prueba frente a sus adversarios: también frente a sus propias contradicciones. Si se pretende construir un SEGUNDO PISO, habrá que cuidar los CIMIENTOS.
Porque la política del futuro no necesita más soldados dispuestos a obedecer. Necesita más ciudadanos dispuestos a PENSAR.
Soy Jaime Antonio Flores Urias…



