Pep Guardiola y Thomas Tuchel se enfrentaron en lo que bien pudo ser una partida de ajedrez, meticulosa, certera y con movimientos como respuesta a la táctica que cada entrenador decidió imponer. Guardiola se vio superado por el que podría ser un nuevo abanderado de la camada de técnicos en el futbol europeo.
Así, Chelsea y Tuchel ganaron con el 1-0 a la cátedra, esto gracias al gol de Kai Havertz, el joven de 21 años que festejó su primera anotación en el torneo para darle el título a su equipo que nunca tuvo los pronósticos a favor.
La partida comenzó con un Timo Werner como antagonista, en la línea de fuego falló una muy clara para adelantar a su equipo en los primeros 10 minutos. El jugador terminó rebanando el balón frente al arco de Ederson Moraes. Y si una no fue suficiente, Werner tuvo otra más, en esta ocasión, las piernas no estuvieron coordinadas.
Una gran jugada colectiva que comenzó desde la portería con Édouard Mendy quien con un trazo largo sirvió a Ben Chilwell sobre la banda. El jugador se apoyó con Mason Mount y éste condujo la pelota para enviarle el esférico a Kai Havertz.
El jugador del Chelsea se posicionó y ante la salida anticipada de Ederson Moraes, Havertz lo evitó y terminó quedando solo con espacio ante al marco para definir. La algarabía ensordeció las tribunas del Estadio Dragao con el primer gol del alemán en una Champions.
Guardiola movió sus piezas dándole entrada a Fernandinho y Gabriel de Jesus, éste en lugar de Kevin De Bruyne quien tuvo que despedirse de la Champions debido a un fuerte golpe tras chocar con el alemán, Antonio Rüdiger, que le provocó un hematoma en el ojo. Los movimientos le ayudaron para crecer en lo ofensivo.
Del otro lado, Tuchel le respondió a uno de sus maestros del futbol. El mejor jugador de Estados Unidos, Christian Pulisic pisó el césped.
Los últimos minutos de juego fueron una total demostración de la desesperación del City al no poder contrarrestar la estrategia de su rival, la Champions se les iba de las manos, cada minuto perdido era la alegría para los de Tuchel.
Las piernas, los brazos y las gargantas se prepararon para el festejo final, el silbatazo determinó al campeón y de inmediato todos los del Chelsea se fundieron en un eufórico abrazo, mientras que el rival cayó al césped en llanto. La imagen del ganador y el perdedor.



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